La fotografía incierta

Tuesday, March 20, 2007

Abracadabra


Es la manera en que la luz incide sobre este cortijo en ruinas, bañando las piedras con una luminosidad aúrea que parece querer devolverles el lustre de antaño. Como si un mago de extraordinarios poderes hubiera vuelto su atención tras escuchar una súplica callada y decidido conceder el deseo de reconstrucción de ésta casa que jamás volverá a alzarse sobre sus cimientos. Parece que, por efecto de un extraordinario hechizo obrado por la luz dorada, las piedras fueran a reconstituirse para asombro de todos. Es la que llamamos Casa del Zorro y se encuentra cerca de donde vivimos. La solemos visitar a menudo y, es posible que se deba a una aberración cromática de la cámara, o a la forma en que la luz salió repentinamente de entre un cielo nublado, pero sea como fuere, parece faltar un ¡Abracadabra! para que la Casa del Zorro vuelva al esplendor de antaño.

El hada buena del bosque


Un hada buena contempla con mirada ensoñadora la naturaleza que le rodea. Imagina que juega con las criaturas del bosque en un mundo mágico y divertido donde no existe el dolor, ni la pena, ni el abandono. Descansa en su sitial como una princesa de la floresta, sujeta por un árbol de fantástica apariencia. A Idolina le encanta el bosque y los animales que viven en él. Ha subido al árbol tras buscar en el arroyo alguna rana o tortuga que ya se haya despertado de su sueño invernal, sólo por el placer de verla y divertirse al encontrarla. Le encanta pasear en bici y ahora la encuentro descansando, con esa mirada tranquila y reposada, imaginando historias. Es una fotografía que refleja lo que Idolina siente cuando visita el bosque. Idolina es una princesa de cuento de hadas que vive en una frágil burbuja. Un patito soñador que se conserva en un invernadero de magia inventado por ella. Idolina es mi compañera en la vida. Esta fotografía fue tomada en Peñascosa y debo agradecer a los chicos del coronillas – en especial a Ángel y Víctor – el haberla podido hacer.

Wednesday, March 14, 2007

La cara más bonita


Esta foto es importante para mí por inusual. Todos los años – durante unos días –, el páramo reseco en el que vivo muestra un aspecto diferente, jugoso, verde. La cebada plantada en otoño germina y crece cuando los días se alargan y aún no hace tanto calor como para secarla hasta convertirla en una pajiza amarilla y polvorienta. Más tarde, las cosechadoras la segarán y el viento arrastrará en remolinos el polvo por la llanura. Pero de momento el milagro anual sigue sucediendo. Prados jugosos, frescos y verdes en el páramo albaceteño. Esta es la cara más bonita de la tierra donde nací.

Monday, March 12, 2007

Los tres mosqueteros


Muchas de las fotografías que considero interesantes ilustran la amistad, quizás porque he disfrutado poco de ella, o quizás debido a que se me mostró esquiva y algo traicionera en demasiadas ocasiones. Aquí estamos Ángel, el pato y yo mismo gracias a la maravillosa intervención del disparo automático. Al fondo puede verse la muy noble villa de Chinchilla de Montearagón. Por estas tierras disfrutamos muy a menudo con la bici de montaña y casi siempre salimos los tres juntos. Los tres mosqueteros, sobre sus monturas en pos de inciertas aventuras y arriesgadas empresas. Hay que ser un poco niño para disfrutar de la bici y de la amistad.

Esperando el autobús


Un aquelarre de grotescos garabatos vegetales tiene su lugar de celebración en el banco que los viejos del lugar utilizan para esperar el autobús. Todo cubierto de un montón de ródanos – como se llaman por estas tierras a los arbustos secos que giran y giran por los bancales a merced del viento sin detenerse excepto para esperar el autobús – Un vecino decía que su tía ya había quemado en un gran montón parte de los matojos congregados por un viento huracanado que sopló durante tres días. Es una foto curiosa que obtuve con una nueva cámara compacta que he adquirido para no perderme nada.