Crash

El estado de corrosión de este coche me llamó la atención en una de mis excursiones por tierras de Peñarrubia, una pedanía de Elche de la Sierra y lugar de nacimiento y crianza de mi padre. Lo habitual es encontrarte viejos automóviles abandonados por sus dueños hasta que se desintegran, pero siempre conservan algo de tapicería en los asientos, cristales rotos, gomas y cosas así. De este vehículo sólo queda la corroída estructura. Se salió del camino hace muchos años y allí se quedó, mudo testigo del tiempo, en medio de ninguna parte. Anuncia, como es evidente, la fragilidad de todas las cosas y la impermanencia de todas las obras del hombre, pero lo hace en medio de ningún sitio, dedicando su mensaje a ningún espectador. Solitario pero digno, alza su piel de hierro sobre un majano de piedras donde hace muchos años encontró su final.


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