Cadáver afortunado

Al morir, toda la vida y la belleza desaparece migrando a otro lugar mejor. Así lo creo yo. La muerte es fea; nada hay de bonito en ella. Esta foto la hice en el arroyo de Valdecuevas, en Cazorla. Me llamó la atención que un agua tan pura y cristalina amortajara un cadáver blanqueado por el tiempo, palidecido, corrompido por la mano de la muerte. La luz del sol incidía sobre el agua alumbrando la muerte decrépita, la corriente transparente parecía animar todavía los huesos y la carne alba que aún los envuelve de la pata de un animal salvaje que en otro tiempo corría por los bosques de Valdecuevas. La muerte es fea, nada de belleza hay en ella pero este cadáver afortunado se desintegra en la pureza del agua regeneradora. Muerte y vida en un ciclo constante.


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